dissabte, 31 de gener de 2009

Una cita: Jean-Jacques Rousseau


“....No sin sorpresa y escándalo se observa el desacuerdo que reina sobre esta importante materia entre los diversos autores que de ella han tratado. Entre los escritores más serios, apenas si se encuentran dos que manifiesten la misma opinión sobre este punto. Sin hablar de los filósofos antiguos, que parece se empeñaron en la tarea de contradecirse unos a otros sobre los principios más fundamentales, los jurisconsultos romanos someten indistintamente el hombre y los demás animales a la misma ley natural, porque consideran más bien bajo ese nombre la ley que la naturaleza se impone a sí misma que la prescrita por ella, o más bien a causa de la particular acepción con que interpretan esos jurisconsultos la palabra ley, que parece ser la han tomado en este punto como expresión de las relaciones generales establecidas por la naturaleza entre todos los seres animados para su conservación. Los modernos, reconociendo solamente bajo el nombre de ley una regla prescrita a un ser moral, es decir, inteligente, libre y considerado en sus relaciones con otros seres semejantes, limitan consiguientemente la competencia de la ley natural tan sólo al animal dotado de razón, es decir, al hombre. Pero como cada uno define esta ley a su modo y la fundamenta sobre principios en extremo metafísicos, ocurre que, aun entre nosotros, bien pocos se hallan en disposición de comprender esos principios, faltos de poder encontrarlos por sí mismos. De suerte que todas las definiciones de esos hombres sabios, por otra parte en perenne contradicción recíproca, convienen solamente en una cosa: que es imposible comprender la ley natural, y por consiguiente obedecerla, sin ser un grandísimo razonador y un profundo metafísico; lo cual significa precisamente que los hombres han debido emplear para la constitución de la sociedad conocimientos que se desarrollan trabajosamente, y entre pocas personas, en el seno de la sociedad misma....”[1]


[1] J.J. Rousseau “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” Traducción del francés: Ángel Pumarega. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.