dissabte, 14 de febrer de 2009

Breves apuntes sobre la fenomenología del cambio


Consideraciones sobre el tratamiento institucional en el ámbito local de las oleadas migratorias i consideraciones sobre el efecto rechazo en la población autóctona.

Trabajo para la obtención del Título de Experto universitario en Inmigración, exclusión y políticas de integración social del Departamento de Sociología III de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED con la calificación de apto, el 30 de junio de 2006.

Por Albert Balada, Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología


ÍNDICE
1.- El Factor “I”, la justificación de los observatorios locales.
2.- El fenómeno migratorio, ahora comenzamos a entenderlo.
3.- Los inmigrantes, ¿Cómo son y como nos ven?, apuntes a cuatro grupos.
4.- A modo de conclusión.
5.- Bibliografía.


El Factor “I”

Hasta el año 2005, el Estado Español era un oasis en las percepciones sobre las razones y situaciones de las políticas migratorias, razones y situaciones que también se habían producido en el resto de los países de la Unión Europea, donde nuestro modelo, en ocasiones, vivía a remolque de lo que ya había sucedido en el desarrollo de las políticas sobre la cuestión que en los países vecinos se habían desarrollado hacia, 10, 15, 20 y hasta hace 30 años. Se daban unas distancias extrañas entre los modelos de proximidad, no desde una perspectiva de las acciones políticas, ni de las políticas activas, sino más bien desde los propios hechos que, como apuntaba, de la propia percepción respecto de las situaciones cotidianas que habrían de afectar a los ciudadanos de los países de la ribera sur de la Europa continental, como Italia, Grecia, Portugal e incluso Francia, en lo que hace referencia a un hecho habitual desde que se escribe la historia, como es la cuestión de los movimientos migratorios. De acuerdo con los estudios de opinión, por otro lado la única forma de poder conocer el estado de las percepción de las cosas, el Estado español continuaba siendo, hasta ahora, uno de los países calificados menos xenófobo i racista de la Unión y el último estudio del Centro de Investigaciones sociológicas también parece apuntar en este sentido, si bien que en este tipo de estudios ni el diseño de la entrevista se atreve a abordar en profundidad estos temas, ni en el caso de que se hubieses abordado, no encontraríamos, probablemente, el grado de sinceridad óptimo y suficiente, por parte del entrevistado, para admitir ser mantenedor de actitudes contrarias al fenómeno migratorio.

Cierto es, sin embargo, que existen estudios cualitativos y cuantitativos realizados en zonas de alta densidad migratoria en los que comienzan a detectarse síntomas de rechazo,, temores, problemas de convivencia, etc., situaciones todas que, en definitiva tienden a ignorar los medios de comunicación, tanto o más que las élites políticas, dificultando, como nos dicen los expertos la posibilidad de apertura de vías instituciones para abordar la problemática futura, que en lo local comienza a ser incierta, al apuntar algunas fuentes la necesidad de establecer mecanismos de implementación sociológica que permitan evitar las manipulaciones fáciles y localistas de la cuestión, como ya sucediera en Europa con los partidos de Pym Fortuyn y Le Pen, o como parece querer utilizarse en el ámbito estricto de la ciudad de Lleida respecto a las diferentes problemáticas surgidas recientemente en la percepción del entorno de la calle del “Nord” de la ciudad de Lleida, donde se asienta preferentemente la comunidad musulmana y donde se encuentra también el espacio de oración, que no mezquita, de aquella comunidad. A pesar de eso, y con datos fidedignos, en nuestro contexto social nos encontramos, por suerte, a la cola – y esta vez el dato negativo no es precisamente una mala nota – en los que nos dice el European Monitoring Centre on Racism and Xenofobia[i], por lo que hace referencia a la percepción de la posibilidad de considerar molesta la presencia de personas de otras nacionalidades, razas o credos y, donde, mientras la lista la encabezan los ciudadanos griegos respecto de cada una de las tres cuestiones con un 38%, un 27% y un 31%, respectivamente, los españoles, con unos porcentajes del 4, 5 y 6%, nos situamos aun lejos de los parámetros consolidados de Francia, Austria, Italia e incluso Suecia.

También los datos nos indican que, sobre el concepto de tolerancia e intolerancia, parece que también continúan manteniéndose parámetros similares, con un ratio de tolerancia que supera el 60%, 10 puntos por encima de los irlandeses que también se encuentran en la banda alta y nuevamente por encima de los griegos e incluso de los belgas con una media de 40 puntos de diferencia. Pero las percepciones como decía cambian y por primera vez, el estudio de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas[ii] refleja un dato importe, como el fenómeno migratorio se ha convertido para los ciudadanos en uno de los tres primeros problemas de la vida diaria de los españoles, que reflejan al paro como primer problema con un 54,1%, a la inmigración como segundo problema, con un 40% y mucha distancia al terrorismo con un 25,3%, porcentajes valorados respecto de las dimensiones del municipio y que en el caso de la ciudad de Lleida, se mantienen aproximadamente en lo que respecta a los datos a nivel del Estado.

Sin lugar a dudas, el dato más significativo que el organismo de consulta sociológica nos presenta, es como se da una tendencia generalizada a considerar que el número de personas procedentes de otros países, que viven ya entre nosotros es excesiva con un porcentaje medio de percepción en este sentido del 60%, que curiosamente coincide con la tasa de tolerancia preexistente y que con este dato podríamos considerar neutralizada, y porcentaje que tiende a aumentar en la medida en la que disminuye la densidad demográfica del municipio.

Aún y así, después de esta primera apreciación, los datos que nos aportan estas variables, será preciso valorarlos tanto desde una perspectiva de Ciencia Política, como desde una perspectiva de la Sociología de las migraciones, si tenemos encuentra que ahora ya el 84% de los entrevistados, según el estudio de noviembre 2005 del CIS, considera que solo debería permitirse la entrada de trabajadores inmigrantes que vivieran contrato de trabajo, o como ya el 68,1% de los encuestados esta de acuerdo en que la llegada de personas que vienen a vivir y a trabajar a nuestro país perjudica las perspectivas económicas de los españoles pobres, observándose como el porcentaje de opinión en municipios como el caso de Lleida, llega al 70,3%.

Si bien es cierto que los niveles de tolerancia podrían comenzar a quedar neutralizados, también podemos detectar algunos valores de solidaridad que se mantienen, sea cual sea la dimensión demográfica del municipio es cuestión, porque entre un 73 y un 79% de los encuestados por el CIS considera el reagrupamiento familiar como necesario, un 96% considera imprescindible que los inmigrantes puedan tener acceso a la educación pública, entre un 81 y un 88% considera que han de tener acceso a la asistencia médica gratuita y entre un 86 y un 90% opina que los trabajadores inmigrantes deben tener igualdad de condiciones de acceso al mercado de trabajo, considerando la encuesta, por otra parte, que existen en este sentido porcentajes que rondan el 90% respecto del respecto a la práctica de la religión que le es propia a los inmigrados.

Por otra parte, a pesar de mantenerse el principio de solidaridad sobre los hechos o bienes sociales, el estudio del CIS pone de manifiesto que se mantiene unas percepciones distintas, por parte de los ciudadanos, respecto de
los derechos civiles y políticos que deben corresponder a los inmigrantes, donde tan solo un 60% se muestra de acuerdo con que aquellos puedan participar como electores y elegibles en las elecciones municipales o generales, porcentaje que tiende a descender a medida que también desciende
la densidad demográfica de la población encuestada, lo que también se da en porcentajes similares respecto de su participación en partidos políticos i/o sindicatos. Deberemos pues plantearnos abordar esta cuestión en el ámbito local a partir de la experiencia comparada respecto de los diferentes países de la Unión y estableciendo la garantía de la subsidiariedad en la gestión de la cuestión para neutralizar los discursos populistas sobre temas migratorios, analizándolo desde una perspectiva científica.

El fenómeno migratorio, ahora comenzamos a entenderlo.

Escribía el profesor de sociología de la Universidad de Lleida, D. Antoni Morell[iii], que el concepto teórico referido a que “España se encuentra sometida a una presión migratoria sin precedentes que desborda cualquier posibilidad razonable de integración, es una idea que sintetiza los argumentos de 'aquellos que ven y presentan a la inmigración como un peligro para la identidad cultura autóctona.”. La evolución de los flujos migratorios en nuestro país, que se hace evidente con el afloramiento de conflictos de origen migratorio en las fronteras exteriores, que lo son asimismo de la Unión, ha hecho visible una perspectiva noticiable, pero teniendo en cuenta que todos los datos apuntan hacia que la afluencia de inmigrantes en nuestro país se mueve a partir del hecho de una entrada fácil a través del contexto turístico, que es en realidad el que propicia el aumento.

Reflexiones y análisis de personalidades del mundo de la Sociología de las migraciones, como por ejemplo del catedrático José Félix Tezanos[iv] y su equipo, nos aportan datos sustantivos fruto de las análisis rigurosas de las variables que afectan a la cuestión migratoria y nos plantea proyecciones interesantes que reclaman una valoración detenida de un hecho que pone de relieve un crecimiento exponencial que se sitúa ya según la última encuesta publicada del Centro de Investigaciones Sociológicas relativa a finales de mayo, como el segundo aspecto que preocupa más a la sociedad española, habiendo desplazado otros aspectos como el terrorismo o la vivienda, y considerando el hecho migratorio como una variable que afecta en la misma medida a su vida cotidiana.

No es pues un hecho menor que pueda tratarse de un efecto de respuesta de la ciudadanía a las intervenciones que se han podido aplicar, en general, desde una perspectiva paternalista de la interpretación del hecho migratorio, que amenaza de desbordar las estructuras ad hoc, al tiempo, por otra parte y al margen de esta dinámica de percepciones, que algunos analistas configuran ya una nueva perspectiva, la perspectiva del efecto económico que representa el hecho migratorio. El Migration Policy Institute[v], centro de investigación con sede en Washington que se dedica al análisis y estudio de las migraciones internacionales, reflexionaba recientemente sobre el particular y lo hacía en estos términos: “Apenas estamos empezando a comprender las implicaciones a largo plazo de las decisiones y medidas presas por los trabajadores migratorios y las instituciones”.

De hecho el mercado que presenta aspectos exageradamente dinámicos a veces, ya se plantea el hecho que, como nos dice también el MPI, se haya detectado como los inmigrantes desarrollan un papel cada vez más importante en el perfil social y económico de la ciudadanía en general y en las ciudades en las que se asientan en particular, evaluando la importancia relativa de estos como una nueva fuente de demanda de vivienda. Cada vez son más los expertos que apuntan como los ayuntamientos que de hecho son los agentes cotidianos de la gestión del bienestar de la población, son también los que están gritados a tener un papel esencial en la gestión, también, del hecho migratorio, aun cuando los gobiernos locales lo plantean desde la incertidumbre a la hora de desarrollar respuestas políticas con eficacia “erga omnes”, en dos cuestiones fundamentales sobre las hace falta centrar la atención y que visiblemente afectan a aspecto relacionales con la población autóctona o indígena: la incorporación del fenómeno migratorio a nuestra realidad local, todo asegurando la convivencia y la cohesión social y estableciendo en la vez un reparto de los niveles de bienestar que eviten la competencia de los recursos sociales disponibles; es decir nos encontramos ya en la necesitado de ir más allá de los modelos de los controles de flujos que deben desarrollar todavía eficientemente las políticas de la Unión, por abarcar políticas de intervención activa en el ámbito local que contemplen tres principios esenciales: valores, propuestas y alianzas.

El que nos debemos plantear es si, de hecho, se hace necesaria o no la modificación de la estructura institucional para dar respuesta a las situaciones presentes y futuras y si las razones políticas, es decir la creación de las políticas públicas deberán prever sólo aspectos de política distributiva que comportaría, según el gestor público una determinada acción integradora en función de su color político. Cierto es que cada vez más se hace imprescindible la determinación de los indicadores para el establecimiento de los objetivos y los medios, planificando y evaluando localmente unas políticas en las que hace falta implementar a todos los ciudadanos, es decir las políticas de la transversalidad que eviten las dualidades concentradores, las de las comunidades inmigradas de una parte en ellas mismas y las de las propias acciones políticas por la otra, en el sentido que hace falta considerar a todo el mundo como receptor de esta política sectorial, abordando la planificación desde la perspectiva del modelo pluralista que nos describe Giovanni Sartori, modelo que ha superado los modelos del multiculturarismo y del interculturalismo, que ahora pueden comenzar a considerarse caducos. Afirma Sartori[vi] y vale la pena traerlo a colación en este trabajo, que “la tolerancia es el valor básico del pluralismo. Pero el relativismo es un comportamiento suicida: si todo vale, nada vale…. El relativismo es una doctrina que se pretende moderna y que dice que todos los valores son iguales; es suicida, porque entonces no se puede criticar nada, todo es bueno: Al Qaida tiene sus valores y hay que respetarlos…. La tolerancia dice que respetemos los valores de los otros. Los respetamos, pero eso no quiere decir que los aceptemos; los aceptaremos si llegamos a la conclusión de que son superiores. Esta historia de que no hay que ofender a nadie, de que no hay que hablar de choque de culturas. Si lo hay, lo hay, y si no, pues estupendo. No sé muy bien qué hay de terrible en decirlo. ¿Es que hay que esconder la realidad?

Si hay dos religiones monoteístas, una de las cuales se ha acalorado, se ha reanimado con la ayuda de la televisión, y hay una civilización teocrática, ideológicamente movilizada e invasiva, entonces se crea un problema de autodefensa para los otros, que deben afrontar el choque o rendirse....”. En opinión de Sartori el melting pot americano ya no funciona porque han inventado la doctrina del multiculturalismo, de reivindicación de las raíces, pero
también de creación de guetos cerrados. Si el que quiere recuperar su identidad lo hace quedándose aislado de la comunidad en general, que es la del país que le acoge, se pone en marcha algo que funciona mal. Hay que distinguir entre multiculturalismo como situación de hecho –Suiza es multicultural, Canadá también – y la ideología del multiculturalismo, que dice que es bueno reinventar o reforzar la propia identidad y después cerrarse en comunidades que en realidad son guetos.

Justo es reconocer también aquí una interesante aportación elaborada por Carmen González Enríquez del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED[vii], donde nos refiere los elementos de conflicto en la convivencia con los inmigrantes en España, donde concluye “que las políticas relacionadas con la inmigración son el resultado de un gran número de factores de tipo histórico, económico, internacional y propiamente político, y entre estos últimos se encuentra el conocimiento entre las élites políticas de la opinión de la población hacia la inmigración y de sus actitudes frente a los inmigrantes”, sin embargo también es cierto y coincido plenamente con su aseveración, “el debate en España se ha movido hasta ahora dentro de los canales de lo “políticamente correcto”, a la vez que afirma que “ en los ámbitos locales en los que se concentran los inmigrantes no quedan recogidos en las encuestas a muestras de la población total, para cuyo diseño no se tiene en cuenta el porcentaje de inmigrantes”


Los Inmigrantes, ¿como son?

Sea cual fuere el modelo imperante, bien el modelo asimilador, el multiculturalista, el interculturalista o el pluralista, o en cualquier caso el paradigma ideológico que domine a la implementación de las políticas de vayan
a desarrollarse en materia de inmigración, lo cierto es que es preciso conocer algo tan simple y sencillo como la manera de ver la sociedad que tienen los inmigrantes, para poder establecer los medios adecuados que permitan la implementación de las políticas adecuadas, en uno u otro sentido, pero sin un estudio adecuado de la situación hace que ello no sea posible.

En definitiva se detecta una cierta interacción pluralista en la morfología de los grupos sometidos a estudios que nos habría de permitir determinar las variables contingentes que permitiesen una interacción adecuada con los parámetros psicosociales de la “cultura indígena”, a partir del modelo antes expresado. En este sentido el Centre d’Estudis d’Opinió[viii] de la Generalitat de Cataluña, acaba de publicar un reciente estudio titulado: “Sondeig a la immigració: Estudi pilot sobre el perfil de la immigració marroquina, equatoriana, romanesa i xinesa instal·lada a Catalunya” (Sondeo a la inmigración: estudio piloto sobre el perfil de la inmigración marroquí, ecuatoriana, rumana y china instalada en Cataluña) a partir de los principales grupos de inmigrantes residentes en esa comunidad autónoma que permite obtener un perfil demográfico básico de los grupos primordiales de inmigrantes en Cataluña, midiendo su grado de integración, las valoraciones que hacen así como las expectativas respecte del futuro, analizar sus valores políticos, su interés por las cuestiones públicas, el modelo de sociedad que prefieren, la idea que tienen de la democracia, de los políticos, i de los deberes y derechos de ciudadanía, sus valores sociales, el papel de la religión en sus vidas y el que creen que ha de tener en la sociedad, el rol social de la mujer, les facetas de la vida a les que dan más importancia y su participación en actividades sociales, pero también un aspecto sumamente importante: como nos ven.

El estudio concluye aportando algunos datos muy interesantes, que nos hacen ver la posibilidad del establecimiento de las propuestas de Sartori a partir del modelo pluralista, que lo refuerzan, de hecho, dado que los datos aportados no se alejan de las percepciones medias del conjunto de la población de acogida en aspectos tales como la organización social y democrática. Tres de cada cuatro inmigrantes encuestados por el CEO recomendarían a otras personas venir a nuestro país, y de hecho muchos de ellos desearían traerse a algún familiar o amigo, el efecto llamada producido no por las ventajas o inconvenientes legales, como apuntan algunas fuentes políticas, si no por el hecho de poder compartir el modelo de bienestar que define nuestras relaciones sociales, económicas, culturales, etc., son muchos los que, según revela este estudio de opinión del CEO, los que tienen decidido quedarse en nuestro país, lo que contradice la opinión generalizada de que en el inmigrante se da un proceso de tránsito migratorio.

El estudio pone de relieve la percepción en estos colectivos de inmigrantes encuestados respecto de la mejora del nivel de vida y la percepción general de continuar mejorando, inquietándoles un hecho, la llegada de más inmigración que pueda acabar perjudicándoles, lo que de hecho es un síntoma contradictorio con el hecho de querer universalizar las posibilidades que ellos han tenido, frente a la percepción de que ellos mismos pueden ser perjudiciales si demográficamente superan un determinado número. Si bien reconocen como un valor positivo la acogida recibida en nuestro país, un tercio de ellos manifiesta haberse sentido discriminados en alguna ocasión e incluso pueden haber llegado a padecer agresiones verbales por la calle, si bien que en el ámbito laboral no han detectado actitudes racistas y reconocen que los problemas con la población autóctona son escasos, atribuyendo las actitudes de rechazo más otros colectivos de inmigrantes como ocurre con las percepciones que ha venido detectando el Centro de Investigaciones Sociológicas y que refleja en su última encuesta del mes de mayo 2006[ix], en coherencia con la satisfacción de haber emigrado y mejorado su nivel de vida, no existe problemas especiales que les afecten y su día a día se ve directamente relacionado con las mismas variables que en la percepción afectan al común de los ciudadanos: del paro, la precariedad laboral y el acceso a la vivienda. Cuatro de cada cinco inmigrantes consultados por el organismo, afirma que mantiene mucho o bastante las costumbres de su país de origen y consideran que ello no les provoca problemas de incompatibilidades con las costumbres y tradiciones autóctonas, siendo la lengua materna la vehicular en el ámbito familiar y de amistades con una utilización clara del castellano como lengua de contacto con amigos y conocidos y con su entorno. Se detecta una falta de interés respecto de la política, resultado que acentúa si se refiere a su país de origen, dado que también refieren los entrevistados que confían más en las cualidades democráticas de nuestro país i en los políticos de aquí que en los de su país, siendo remarcable la confianza en el sistema democrático.

Respecto a la religión la mayoría es partidaria de la máxima independencia en la relación gobierno/religión y consideran que las autoridades religiosas no responden a los problemas sociales del país. Estableciendo líneas comparativas marroquíes y ecuatorianos podrían compartir valores propios de sociedades más tradicionales, mientras que rumanos y chinos compartirían opiniones propias de países comunistas y excomunistas, siendo las características diferenciales de grupo las siguientes:

· Marroquíes: son el colectivo que ha emigrado más en solitario y que concentra un mayor porcentaje de solteros, lo que hace que sus prioridades sean prioritariamente la relación con los amigos y lo que les diferencia del resto son las fuertes creencias religiosas que inciden en su vida cotidiana, así como la aceptación de la interferencia de los líderes religiosos en las decisiones políticas.

· Ecuatorianos: son los más desencantados con la política y los que valoran todas las cuestiones relativas a estos temas de la forma más extrema y de hecho uno de cada cinco tiene una nula confianza en los políticos de su país, a pesar que tienen una opinión muy positiva respecto del sistema democrático que han encontrado en nuestro país y respecto de los líderes políticos.

· Rumanos: son el colectivo que más se interesa por la política, pero también se detecta un cierto desencanto, sobre todo en lo que se refiere al funcionamiento de la democracia, a la eficiencia para mantener el orden y el buen funcionamiento de la economía. Las expectativas puestas en los sistemas democráticos occidentales no se han visto cumplidas.

· Chinos: son de entre los cuatro colectivos analizados los menos integrados, que emigraron en pareja o con familia y trabajan en negocios propios y constituyen un núcleo cerrado y por tanto con menos necesidades de interrelacionarse con otros inmigrantes o con la población autóctona, siendo el único colectivo que aprueba a la clase política de su país y siendo reticentes a expresar sus opiniones políticas.

Observamos pues como no existe diferencia final en el procesó de integración dado que a pesar de mantener parámetros que derivan del contexto cultural de origen, si se diera la circunstancia que se estableciera un contexto pluralista en el trato del fenómeno i la interacción con la cultura autóctona se vería con que facilidad interactúan manteniendo intactos unos valores comunes a la sociedad
de acogida que habría de constituir paradigma de uso social de las sociedades inmigradas.

A modo de conclusión.

A nadie se le escapa ya que España ha pasado en la última década de aquel país generador de mano de obra y por tanto creador de un ejército laboral que engrosaba las filas de inmigración de nuestro país hacia Latinoamérica, por un lado, y hacia nuestros vecinos europeos: Francia y Alemania, por el otro, a ser un país receptor de aquel ejército laboral. El ingreso de España a la Comunidad Económica Europea y la asimilación de ratios en este largo período de dos décadas en lo referido a las variables económicas de nuestro país, han definido el perfil de un país que precisa continuar generando mano de obra para la creación, ahora sí de un ejército laboral propio, cuestión que conecta a la perfección con la creciente oferta de mano de obra que generan países en las esferas latina y subsahariana, que ven en nuestro país un lugar de desarrollo de sus expectativas personales. De hecho los estudios realizados demuestran como el conjunto de la inmigración no especializada, aquella que no conecta directamente con las ofertas universitarias y de gestión empresarial, se concentra en el modelo económico vigente en unos sectores muy determinados de los nichos productivos, a saber: el pequeño comercio, el servicio doméstico, la construcción y la agricultura, lo que además viene a generar un bolsa móvil y flotante que algunas fuentes cifran en torno a 1,5 millones de personas que se mueven a lo largo del territorio para copar las ofertas que puedan ofrecerse en estas esferas de la oferta y la demanda.

La afloración o visibilización de la inmigración ilegal, los sin papeles a lo largo de las regularizaciones efectuadas al amparo de la reglamentación de extranjería, regularizaciones que los países de la Unión habían efectuado justamente dos décadas antes, ha permitido asentar y racionalizar a todo un colectivo que hasta entonces vivía en la marginalidad legal, lo que no conlleva que ahora, necesariamente, pueda haber conseguido una estabilidad social, sin
embargo seguramente ello pueda permitirles una mayor tranquilidad y abordar su futuro con una mayor objetividad. No obstante, la cuestión migratoria no se ha abordado des de las perspectivas de ámbito más próximo a la cuestión relacional, como es el ámbito local, dado que se ha establecido el lenguaje paternalista de lo políticamente correcto y en todo caso, a pesar de la inexistencia de competencias, hasta ahora, se han establecido políticas públicas propias de visiones ochocentistas de la cuestión y fruto de una opinión generalizada de apoyo a la cuestión inmigrante derivada esencialmente de la percepción del sentimiento de culpabilidad por las colonizaciones mal resueltas y por la opinión publicada de las ONG “pro inmigrantes” que contribuyen a generar ese clima paternalista al que nos referíamos.

El incremento en la percepción de la “inmigración” como un problema, por una parte, el aumento también de la posibilidad que aparezcan actitudes xenófobas i intolerantes por otra, y la coincidencia perceptiva en los inmigrantes de problemáticas idénticas a las del ciudadano medio, hacen necesaria la extensión de observatorios de la inmigración en los ámbitos locales, por un lado, pero también un cierto cambio en la cultura de la gestión de las dinámicas migratorias, también en ese mismo ámbito, que eliminen las barreras que diferencian entre ciudadanos “indígenas” y ciudadanos “inmigrados”, suprimiendo asimismo medidas de apoyo que pueden ser vistas como de discriminación, aunque sea positiva, por parte de la ciudadanía.

Cierto es que debe producirse un cambio de clima en el ámbito de la tolerancia respecto de la legalidad o ilegalidad de las situaciones inmigradas, dado que la oferta universal en trabajo, educación o sanidad tiene sus límites en los propios del crecimiento del sistema y la distorsión que producen las respectivas avalanchas. Es cierto que el sistema y sus profesionales esta preparado para subsumir los cambios sociales que se han producido en el último quinquenio y que han contribuido a la creación de una estratificación social y una configuración social que difiere a la de los inicios de la década, pero las variables estadísticas nos indican precisamente que el proceso integrador debe realizarse a partir de políticas públicas en coherencia con una sociedad global y no segmentada o estratificada en función de su origen o de su “natio”.

De la aceptación inicial de la inmigración como contribución económica se ha pasado al temor en la competitividad y a la delincuencia, fruto esta última de la necesidad de subsistencia en gran parte, de los flujos migratorios que no son expulsados por el sistema, lo que hace que deban aplicarse adecuadas medidas de control, necesarias y por tanto contrarias al modelo paternalista y por otra parte la consideración, en aquellas situaciones de legalidad, de una concepción general de ciudadanía no diferenciada en función del factor inmigrante.








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ZAMORA, J.A. (2001). «Migraciones en un mundo globalizado». Iglesia Viva, 205.


NOTAS
[i] http://europa.eu/scadplus/leg/es/cha/c10411.htm

[ii] Ver gráfico 1 de percepciones a partir de datos CIS

[iii] Revista Sistema nº 190/191

[iv] Revista Sistema nº 190/191

[v] http://www.migrationpolicy.org/

[vi] 2000-2006 www.pagina12.com.ar República Argentina

[vii] http://www.uned.es/dcpa/estudios_workingpapers/CPAestudios9_2004.pdf

[viii] http://www.idescat.net/cat/idescat/estudisopinio/rpeo/R-357.pdf

[ix] http://www.cis.es/cis/opencms/ES/Novedades/Documentacion_2644.html